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La insoportable choledad del otro

marzo 4, 2014

A raíz de la muerte de Edita, la cantante del grupo “Corazón Serrano”, vimos noticias acerca de comentarios racistas y llenos de odio en las rede sociales.

El comentario de una señorita, por lo que se lee profesora de inglés, que califica de “alcohólicos” y “cholos” a las personas que guardarían luto por la muerte de la cantante, llamó bastante mi atención. Decidí darle una leída a su cuenta de Twitter y me encontré con más comentarios de ese tipo, que desplegaban una gran cantidad de agresividad.

Mi primera reacción fue de indignación: “¿cómo es posible que alguien se exprese así?” ¿cómo es posible que tenga más de 40000 seguidores? ¿cómo es posible que sea profesora?” . Más de cuarenta mil personas leen a diario comentarios agresivos, despectivos y humillantes. Supongo que les gusta, pero ése es otro tema. Lo que me deja pensando es el trasfondo: la violencia.

Nuestro país sigue viviendo una época violenta. Tal vez ya no es expresa y mortal como en la década de los ochentas, pero no deja de ser violento, día a día, con cada Chelsea, con cada programa que exponga y deje como saldo  una Ruth Thalía Sayas, con cada acto de corrupción e ilícitos que dejan como saldo a un “niño de 23 años” Burgos (si Alan dijera la verdad y fuera honrado así como exagerado…), con cada vez que una niña (ahora sí) de 12 años es acosada por las calles, con cada insulto al taxista, al de la combi…violencia.

Entonces recuerdo lo que dice Lacan  en su texto de 1948 “La agresividad en psicoanálisis”, que la agresividad proviene de la “pasión narcisista”: “…todo lo que el yo desatiende, escotomiza, desconoce en las sensaciones que lo hacen reaccionar ante la realidad, como todo lo que ignora, agota y anuda en las significaciones que recibe del lenguaje” y añade: “La noción de una agresividad como tensión correlativa de la estructura narcisista en el devenir del sujeto permite comprender en una función muy simplemente formulada toda clase de accidentes y de atipias de este devenir”. Eso que se dice y hace al otro, es algo que no soportamos en nosotros mismos.

http://eyeuponthemoon.files.wordpress.com/2012/09/reflejo2.gifPor ejemplo, Chelsea hace el comentario de los “cholos alcohólicos” y, sin embargo, si se detienen a leer su cuenta de Twitter, habla de resacas propias, “chelas” y demás ¿Será que el beber es un goce insoportable para ella? Tal vez, es una interpretación aventurada la mía…y la que voy a hacer es más aventurada aún: Chelsea tiene un nombre y apellido foráneo, pero si ven su foto, no tiene rasgos arios ni mucho menos, recordemos que en muchos lugares del mundo se discrimina simplemente por no ser -rubiodeojosazules- (así, holofrase), ¿será que no soporta no serlo? ¿no soporta que, si alguien no supiera su nombre y apellido, pasaría como “una chola”, como peruana? Pero, yendo más allá de mis atrevidas hipótesis (atrevidas porque no conozco a la señorita en cuestión y hablar de lo que no se conoce es, aunque común, un arma de doble filo) en lo que pienso que deberíamos reflexionar es acerca de eso de nosotros mismos que nos es insoportable, que nos genera tanta cólera, rabia y odio, que, cuando lo proyectamos en los otros, se transforma en una violencia desbocada, sin límite.

La violencia es como un boomerang: se dirige hacia el otro, pero se regresa a uno mismo. Y si sabemos, inconscientemente, que va a regresar es porque de alguna manera la estamos dirigiendo a nosotros mismos, a algo de nosotros que queremos exterminar.

¿Qué es ese algo?

Para cada uno de nosotros  será diferente, particular.

Para descubrir eso está el psicoanálisis.

VIII Jornadas Nueva Escuela Lacaniana (NEL): “Lo femenino no solo es asunto de mujeres”

enero 1, 2014

Nel Lima

tira y retira

Comisión epistemológica: José Fernando Velásquez, Marita Hamann, Fernando Shutt, Clara María Holguín, Johnny Gavlovsky, María Hortensia Cárdenas, Elida Ganoza y Jimena Contreras.

ARGUMENTO

La pregunta por lo femenino, que inquietó a Freud, es la pregunta que la NEL se propone investigar destacando que no solo es asunto de mujeres. Las implicaciones y consecuencias de esta propuesta serán expuestas y discutidas durante las VIII Jornadas de la NEL que se realizarán en la ciudad de Lima los días 24, 25 y 26 de octubre de 2014.

 “¿Qué quiere una mujer?”, se preguntaba Freud, y postuló el penisneid como un punto de detención y repetición sintomática para las mujeres. Escribió que detenerse ante el enigma vuelve incapaces a los psicoanalistas,[i] porque enceguece y asusta. La enseñanza de Lacan no se detiene ahí, más bien hace causa de ese impasse.

Cuando decimos que lo femenino no solo es asunto de…

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Desaparecer a la mujer*

octubre 8, 2013

 

Quemarlas se ha puesto de moda. Cortarles el rostro también. Matarlas a golpes y enterrarlas es otra opción. Feminicidio es, en realidad, la palabra de moda. ¿Qué está sucediendo en nuestra sociedad? ¿De dónde surge esta violencia hacia la mujer? En el presente trabajo trataré de hacer una aproximación al tema de la violencia contra las mujeres, tema amplio, difícil de resolver.

ImagenDesde la psicología se propone construir una teoría acerca de la constitución de las mujeres maltratadas: se propone que sean reconocidas  por lo menos como un “tipo” de mujer. Estas teorías sostienen que, muchas veces, han pasado como mujeres con personalidad “borderline” o depresivas, cuando en realidad lo que pasaba es que habían vivido situaciones de abuso y maltrato. Se sugiere que estas mujeres vean que son víctimas del abusador, que no se crean causantes ni merecedoras de la violencia, que son “sobrevivientes” (Survivor Therapy). Hasta aquí, probablemente sea una buena aproximación, sin embargo, desde la psicología ya no se dice mucho sobre el dejar de sostener la posición de víctima, hay un límite, que el psicoanálisis sí llega a pasar, al ir más allá y tratar de orientar la cura hacia la “desvictimización”, trabajando el uno a uno, por supuesto.

Lacan en su texto “La agresividad en psicoanálisis” nos dice que la agresividad proviene de la “pasión narcisista”: “…todo lo que el yo desatiende, escotomiza, desconoce en las sensaciones que lo hacen reaccionar ante la realidad, como todo lo que ignora, agota y anuda en las significaciones que recibe del lenguaje” y añade: “La noción de una agresividad como tensión correlativa de la estructura narcisista en el devenir del sujeto permite comprender en una función muy simplemente formulada toda clase de accidentes y de atipias de este devenir”. Entonces, podríamos decir que la agresividad está ligada a estructuras narcisistas, que no soportan al otro, agregaría también que son poco evolucionadas, al menos en lo que a hacer lazo se refiere. Sobre este no soportar y rechazar al otro, Irene Greiser en “Guerra entre los sexos: feminicidio” Virtualia #25 nos dice: “…en la actualidad hay una epidemia “la quema de mujeres”. Un tratamiento de lo femenino que implica su rechazo. Hay otras modalidades de rechazar lo femenino, la misoginia, la ética del soltero, pero ¿qué goce puede llevar a un hombre a querer quemar a una mujer y ver cómo ese cuerpo se consume? Las Fórmulas de la sexuación sostienen una virilidad que cuenta con un padre que hace de modelo de la función y objeta el para-todo, hay uno que dice que no. Esa objeción permite alojar a lo femenino. El hombre violento, golpeador, el hombre que no puede hablar con ella ni alojarla es una modalidad del macho que al no contar con una excepción que amenace su potencia fálica se ve arrastrado a un goce en el cual esa potencia fálica aparece ilimitada”.

Cuando hablamos de violencia hay algo de ese “ilimitado”, una vez emprendida no hay algo que ponga coto a la agresión, efectivamente, cuando se escucha el testimonio de mujeres que han sido violentadas, ellas trasmiten el haber sentido que eso nunca iba a acabar y que no había manera de salir de esa situación, más allá de la posición subjetiva de cada mujer, los brazos de la violencia parecen alcanzarlas siempre.

Lacan en el Seminario 5, dice: “La violencia es ciertamente lo esencial en la agresión, al menos en el plano humano. No es la palabra, incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es o la violencia o la palabra. Si la violencia se distingue en su esencia de la palabra, se puede plantear la cuestión de saber en qué medida la violencia propiamente dicha, para distinguirla del uso que hacemos del término agresividad, puede ser reprimida, pues hemos planteado como principio que sólo se podría reprimir lo que demuestra haber accedido a la estructura de la palabra, es decir a una articulación significante”. No es tan fácil reprimirla entonces y entendemos también por qué tantas mujeres víctimas de violencia, callan.

Sobre esta imposibilidad de dialectizar, José R. Ubieto, nos dice en su texto “Posiciones subjetivas en los fenómenos de maltrato” Virtualia #18, lo siguiente:

La posibilidad de pensar en una relación basada en el amor implica que los lugares del amante y del amado deben poder dialectizarse, que aquel que es amado debe poder también convertirse en amante y viceversa, proceso que difícilmente se da en las relaciones maltratador -maltratado donde los roles son inamovibles y donde la primera condición del amor – que al otro le falte algo – no se cumple. Si el amor, por definición, alude a la posición de debilidad de cada sujeto (tonto, ciego, flojo) es justamente esto lo insoportable para el maltratador y de lo que este huye mediante la violencia”. Este texto es muy interesante y los animo a leerlo completo ya que el autor nos habla sobre cómo no se trata de una cuestión masoquista de las mujeres maltratadas sino de un “amor patológico”.

A continuación, unas viñetas clínicas.

Caso Irma:

La primera vez que atiendo a Irma rompe en un llanto inconsolable. Ya más calmada dice querer saber cómo hacer para olvidar lo que le pasó ya que su hija acaba de pasar por lo mismo y quiere ayudarla. Relata que a raíz de que su hija le cuenta haber sido víctima de tocamientos por parte de un primo, ella recuerda algo reprimido por más de 35 años: tenía 4 o 5 años, despierta por el dolor que le causó que un tío la estaba tocando y sentía “feo” por la parte de atrás, “por la parte del poto” relata. Se pone a llorar y le dice que quiere irse a su casa, ante tanta insistencia, el tío la regresa. En esa misma sesión cuenta que a los 13 años un primo la “fastidiaba”, la agarraba, la tocaba, hasta que un día “hizo lo que quiso” con ella. Esta vez sí hubo respuesta por parte de la madre que la lleva a examinar al médico legista. Esta situación de examinación ella la siente como una repetición del abuso. Sale corriendo, quiere tirarse de un cerro.

Irma viene a Lima, es de Cajamarca, y empieza una relación con un hombre algo mayor que ella, ella 17 y él 25, dice que los primeros 4 años fueron maravillosos hasta que empezó el abuso psicológico.

Relata lo culpable que se siente por el abuso de su hija por parte de este primo, a quien ella recibió en casa a pesar de las advertencias de que algo similar había sucedido con otros familiares.

Con respecto al esposo, siente que no puede perdonarlo, pero que tampoco puede dejarlo porque se siente “en deuda”

Llega un momento en que deja la habitación que comparte con la pareja y duerme en el cuarto de su hija. No quiere tener relaciones con él, le llega a contar lo del abuso, le pide que no la toque dormida y menos cuando está de espaldas a él (esto le hace recordar el primer abuso). El esposo le pregunta si algún día podrá perdonarlo, pero también pierde la paciencia por momentos y le reclama por no querer tener relaciones con él. Hacia el final del tratamiento, el esposo deja la casa.

Irma llega a trabajar el rencor hacia su madre, quien siente que no la protegió ante el primer abuso, llega a ver que así como ella misma, la madre no quiso darse cuenta de lo que realmente sucedió esa noche con el tío. A pesar de que había sangre en su ropa interior, la madre sólo le pregunta si se ha golpeado y la manda a dormir, no investiga más, para Irma, no quiere hacerse cargo de lo que pasaba y por consiguiente, es una madre que falla en cuidarla.

En un punto del tratamiento ve cómo el asunto de la hija tiene algo que ver con la repetición y llega a preguntarse si de alguna manera ella quiso que su hija pasara por la misma situación que ella. Fue una pregunta importante que no terminó de trabajarse.

Podemos ver en este caso la puesta en marcha de la dinámica: trauma (la violación), represión (el olvido) y repetición (la escena con el primo, el casarse con un hombre maltratador, que la abraza en la cama cuando ella le da la espalda, hasta el abuso cometido contra la hija). El abuso de la hija se considera repetición no solo por el hecho de que Irma alojó al sobrino en la casa a pesar de haber sido advertida sobre otras situaciones de tocamientos, sino también porque aunque su hija le dice que no lo vivió como un abuso, a Irma le resulta insoportable.

Irma sostiene una posición de víctima a lo largo de su vida, toma decisiones que la van a dejar siempre en ese lugar, posición que es también de goce.

Nunca llegó a hacerse responsable de lo que le sucedió, de su propia vida, vive en la creencia de que lo que le sucede es cosa del destino, “a veces me pregunto por qué me pasó esto a mí”, se empiezan a trabajar cuestiones relacionadas con su papel y responsabilidad en “todo esto que le sucedió y sucede”  y comienza a ver que si bien no pudo evitar el abuso primero por ser tan pequeña, hay muchas otras cosas de su vida de las que tiene que hacerse responsable para realizar un cambio. Comienza el proceso de “desvictimización”.

Caso Paula

Paula tiene mucho rencor a su padre por maltratar a su madre y a ellos, se siente culpable porque golpea a sus hijos, se siente culpable porque tuvo varias parejas sexuales antes de su esposo, dice que odia ser mujer.

Relata cómo golpea a sus hijos porque “la sacan de quicio”, luego, va y se golpea a ella misma, por la culpa. Se tira cachetadas, golpes de puño, golpea sacos de arroz hasta pelarse los nudillos. Aquí podemos ver claramente cómo la violencia, en un principio dirigida al otro, es algo que regresa hacia la persona que la ejerce, como un boomerang. Es la paradoja de cuando la respuesta de aniquilación del otro implica, a su vez, la desaparición del sujeto mismo que imparte la violencia.

Dice que no le gusta arreglarse ni maquillarse, llega a la conclusión de que es porque no quiere atraer a los hombres. Esto sumado a lo que dijo anteriormente de odiar ser mujer, tiene relación con el desprecio y el des-alojamiento de lo femenino en el mundo de hoy y tal vez con una identificación con el padre, que es violento con la madre y con las hijas, una suerte de repetición y de disparo de violencia que salpica todo.

Cuenta también su deseo de trabajar y salir de la situación tan precaria que atraviesa, pero el esposo no quiere, eso le da mucha rabia, pero le hace caso. Ser goce del Otro le da mucha rabia, claro, y como no puede cambiar de posición, la única salida es la violencia.

Llega a decir que no merece vivir, que es una mala madre y que le ha vuelto a pegar a sus hijos. Habla del hombre del que se enamoró antes de su esposo, le era infiel, se reprocha seguir pensando en él y desearlo. Nuevamente se dice mala madre y esposa. Cuenta que su madre le dice que sus hijos son de lo peor, como ella de chica, malcriados. No llega asociar aún sus palabras con las de su madre.

También vemos en este caso cómo las representaciones insoportables de su infancia, si bien no son olvidadas, se repiten en la violencia hacia sus hijos e inmediatamente hacia ella misma. Paula es una víctima a tiempo completo: sufre los maltratos del padre y la madre, es muy pobre y el esposo no la deja trabajar, maltrata a los hijos pero inmediatamente se castiga para seguir siendo una víctima, aunque sea víctima de ella misma. En ella se puede notar el goce que hay en estar en una situación de la que se queja todo el tiempo, pero de la que no encuentra forma de salir. Nuevamente aparece el no hacerse cargo y el no saber qué hacer con la contingencia de lo real, que aparece y reaparece, de una manera insoportable para ella.

*Texo que presentaré en las IX Jornadas de la NEL y CID Lima

Un comentario sobre la teoría del cuerpo especular.

febrero 28, 2013

En esta ocasión comparto con ustedes mi comentario del texto “Hablar, ¿con cuál cuerpo?”, del Psicoanalista y Director del VI ENAPOL, Patricio AficheÁlvarez. Dicho texto lo pueden encontrar en el siguiente link: http://www.enapol.com/es/template.php?file=Textos/Hablar-con-cual-cuerpo_Patricio-Alvarez.html

Y a continuación, mi comentario.

“Ciertamente hablamos con el cuerpo. Por ejemplo, desde la psicología se propone un “lenguaje corporal” que somos llamados a leer, a interpretar, para así tener un mejor entendimiento de lo que el otro está comunicando.

Ya en la clínica vemos que hay cosas que se ponen en el cuerpo a modo de un decir, a modo de síntoma. En la época de Freud eran los desmayos histéricos, las afonías o parálisis. En nuestros tiempos, desde  los ataques de pánico, con palpitaciones, faltas de aire, opresión en el pecho y trastornos intestinales, ideaciones de muerte o locura inminente, que también se alojan en el cuerpo;   hasta las anorexias,  bulimias y trastornos psicosomáticos.

Patricio Álvarez nos propone en este texto, revisar las teorías que Lacan propone sobre el cuerpo.

  • Una primera, la del cuerpo especular, en la que el significante marca el cuerpo.
  • Una segunda, la del cuerpo topológico, que habla del goce en el significante.
  • Y una tercera, la del acontecimiento de cuerpo, que incluye las dos anteriores y es más compleja.

Comentaré en esta ocasión, acerca de la primera teoría.

El autor nos propone un recorrido bibliográfico bastante ordenado, que, pienso, ayuda a clarificar esta primera parte.

Lo primero que nos dice el autor es que Lacan establece que las normas del ideal del yo construyen el cuerpo especular y también que la norma principal que la regula es el Nombre del Padre. Lacan construye toda su clínica de las estructuras a partir  de la relación entre simbólico e imaginario.

Revisando el Seminario 3, capítulo VII, “La disolución imaginaria”;  vemos que sobre la imagen especular, Lacan dice: “Esta imagen es funcionalmente esencial en el hombre, en tanto le brinda el complemento ortopédico de la insuficiencia nativa, del desconcierto, o desacuerdo constitutivo, vinculados a la prematuración del nacimiento. Su unificación nunca será completa porque se hace precisamente, bajo la forma de una imagen ajena, que constituye una función psíquica original. La tensión agresiva de ese yo o el otro está integrada absolutamente a todo tipo de funcionamiento imaginario en el hombre”.  Esto, a su vez, nos remite a su Escrito “El Estadio del espejo como formador de la función del yo…” donde se propone el estadio del espejo como una identificación, una identificación a la propia imagen, antes incluso, de “objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto”.

En “La disolución imaginaria” Lacan apunta algo muy importante con relación a lo imaginario, y es esta sensación de amenaza con respecto al otro, al otro que vuelve a tomar su lugar de dominio, y dice Lacan “en él  (el sujeto humano) hay un yo que siempre en parte le es ajeno”.  Y luego propone “que la ambigüedad, la hiancia de la relación imaginaria exige algo que mantenga relación, función y distancia. Es el sentido mismo del complejo de Edipo”. Con respecto a esta “relación, función y distancia” vemos que en Schereber no funciona del todo así, ya que la identificación imaginaria con el otro está fraccionada, el otro es “desdoblable, desplegable”, en su delirio hay identidades múltiples de un mismo personaje, es la metonimia en vez de la metáfora. Se me ocurre aquí la imagen de estos muñecos que se obtienen doblando un papel en varias partes, que luego de ser cortados resultan en una cadeneta de hombrecitos que se fusionan, donde no hay pues, distancia de uno y el otro.

Ahora bien, Álvarez también nos propone revisar el Seminario 10, donde podemos encontrar nuevamente cómo Lacan resalta la importancia de la relación especular e introduce aquí la relación con el significante:

Recordemos pues, cómo la relación especular ocupa su lugar y de qué modo depende del hecho de que el sujeto se constituye en el lugar del Otro y su marca se constituye en la relación con el significante.

En la pequeña imagen ejemplar, de donde parte la demostración del estadio del espejo, aquel momento de júbilo en que el niño, captándose en la experiencia inaugural del reconocimiento en el espejo, se asume como totalidad que funciona en cuanto tal en su imagen especular, ¿acaso no he recordado siempre el movimiento que hace el niño?(…) A saber, se vuelve hacia quien lo sostiene, que se encuentra ahí detrás. Si nos esforzamos por asumir el contenido de la experiencia del niño y por reconstruir el sentido de ese momento, diremos que, con ese movimiento de mutación de la cabeza que se vuelve hacia el adulto como para apelar a su asentimiento y luego de nuevo hacia la imagen, parece pedir a quien lo sostiene-y que representa aquí el Otro con mayúscula- que ratifique el valor de esta imagen”.

En el capítulo III del Seminario 10, Lacan nos habla de dos clases de identificaciones imaginarias: la identificación con i(a), la imagen especular tal como la encontramos en la escena dentro de la escena, y está la identificación más misteriosa, cuyo enigma empieza a desarrollarse aquí con el objeto de deseo en cuanto tal, a.

Aquí, voy a proponerles  a modo de ejemplo, un   texto de José Vidal extraído del blog “Lacan para afuera”:

“Seguramente para muchos la calidad de la película de Kiarostami “Copia certificada” será discutible. Pero habrá unanimidad en que la escena en el toilette en la que Juliette Binoche se pinta los labios está llamada a ser un clásico.

Ella ha dejado a su pareja en la mesa de un restorán Italiano y va al baño a retocarse. Ambos, el hombre y ella, ya no son tan jóvenes y algo se ha quebrado en la relación. La escena la muestra mirando a la cámara como si lo hiciera ante el espejo, saca de su bolso un lápiz labial y se pinta la boca de un color rojo muy intenso.

 

Y cuando lo hace, sin que medie ningún otro efecto visual, o si lo hay no lo notamos, somos testigos de una transformación maravillosa: Binoche, naturalmente, es una mujer de un rostro muy bello pero al pintarse los labios ante nosotros la vemos iluminarse como si hubiesen encendido las luces.

Siempre es algo fascinante la circunstancia en que una mujer se maquilla, seguramente porque es uno de los puntos en los que se produce el pasaje hacia ese campo íntimo de la “mascarada femenina”, territorio misterioso del que en general se habla poco y que parece estar mejor en el secreto. En varios lugares Lacan se queja de no poder obtener de las mujeres ni una palabra del goce que les es propio, razón por la que tuvo que deducirlo lógicamente como lo Otro del goce fálico.[2]

Últimamente, lo vertiginoso de de la vida hace que muchas mujeres se maquillen en el auto o en el tren antes de llegar a su trabajo y eso nos permite presenciar ese rito mágico que antes estaba reservado a la esfera privada y que parece tocar algo de lo que Lacan llama el goce de La mujer.

Algunos travestis intentan capturar eso. Durante algún tiempo atendí a un hombre que, siendo en lo cotidiano casado, padre de familia y bastante rudo, una o dos noches por semana se vestía de mujer para ir a algunos bares. El mundo, me explicó, tiene muchos prejuicios respecto a esto y lo traduce enseguida a términos de homosexualidad. Pero él había concluido que su goce, como el de Tiresias, se alcanzaba en el punto de la transformación, por medio del maquillaje, de hombre en mujer. Cada vez que le era posible, invitaba a alguien a presenciar cómo se pintaba y le producía un gran placer que otros apreciaran su mutación. Pero es seguro que él nunca alcanzaría eso que Juliette Binoche nos entrega generosamente.

En “Copia certificada”  somos testigos de algo prodigioso: ese instante en el que una mujer se torna objeto de deseo, o mejor dicho, en el que ella, como sujeto, queda oculta tras el velo fascinante del maquillaje. Y la escena es muy certera porque privilegia, de entre los innumerables afeites y cosméticos a los que una mujer puede echar mano,  el rouge, el color rojo de la boca.

El rouge es emblema, símbolo, metáfora, pero sobre todo signo indicativo del demonio, del sexo, del erotismo, de lo ardiente, de lo audaz, del peligro, de la sangre, del abismo. Pintura de guerra, arma, en la película ella parece decidida a reconquistar a un hombre que se ha ido alejando de su vida”.

Falta exponer lo faltante con relación a esta teoría del cuerpo, lo relacionado con la castración.

Es un tema harto trabajado, por lo que voy a resaltar solamente lo que dice Lacan en el Seminario 10: “Aquello ante lo que el neurótico recula no es la castración, sino que hace de su castración lo que le falta al Otro. Hace de su castración algo positivo,  a saber, la garantía de la función del Otro, ese Otro que se le escapa en la remisión indefinida de las significaciones, ese Otro donde el sujeto no se ve sino como destino, pero destino sin término, destino que se pierde en el océano de las historias”.

Para finalizar mi parte, voy a proponerles un ejemplo más, esta vez desde mi práctica clínica, que tal vez sirva para introducir la siguiente parte de esta presentación.

Se trata de una mujer de 40 años de edad que viene a consulta con varias quejas: está gorda, no soporta las peleas entre sus padres y siente que se le está pasando el “tren” de casarse y tener hijos. En la primera sesión relata la angustiosa sensación que se instala en el cuerpo cuando sus padres (con los que aún vive) pelean: palpitaciones, falta de aire y mareos. Dice que se siente como un “tacho” en donde ellos colocan su basura, que ELLA se siente basura. Ni bien relata esto, empieza a tener un ataque de asma. También relata cómo no puede verse en un espejo de cuerpo entero, sólo soporta verse en un espejo pequeñito, para poder pintarse los ojos. Cuenta que se orinaba en la cama hasta los 20 años, edad en la que su hermana, quien dormía en la misma habitación y con la que no tenía buena relación, se muda de la casa. También le preocupa estar entrando en la etapa menopáusica, puesto que se le ha retrasado la regla varios días y ha empezado a sentir calores. Descarta el embarazo pues es virgen. Llevo entrevistándome con ella recién 4 sesiones, por lo que todavía no tengo clara la estructura. Sin embargo, llama la atención la cantidad de impasses que relata con respecto a su cuerpo.

En este caso podemos captar algo de las tres teorías sobre el cuerpo:  la imagen gorda que no corresponde al modelo de hoy; la cuestión del misterio de lo femenino y la no relación  sexual  que es vivida en el cuerpo como ataque de asma , es un fenómeno sin palabras por eso es acontecimiento del cuerpo”.

Zapatero a tu zapato

febrero 28, 2013

En estos últimos días me he topado recurrentemente con un tema: la medicalización, o, mejor dicho, la sobre-medicalización.

Desde escuchar que la gente toma ansiolíticos como si fueran tic-tac, hasta amigos que han ido al médico general por un malestar en el cuerpo y han sido recetados (mal recetados) con antidepresivos.

Esta situación me hace pensar que las mismas personas que piensan que ir al psicólogo o empezar un psicoanálisis es sólo para los locos, son las que están dispuestas a tomar cualquier psicofármaco, arriesgando, tal vez sin saberlo, su propia salud.

Imagen

La gente no quiere saber sobre su malestar psíquico, taponea el síntoma con las cuchumil pastillas, con tal de no saber de lo que sufre. Y bueno, por último, eso es responsabilidad de cada uno y cada uno decidirá si llegó el momento de enfrentarse a la propia bestia.

Sin embargo, lo que sí me llama la atención, es cómo los “especialistas de la salud”, léase médicos generales, pediatras, neurólogos, internistas, etc. se mandan sin más ni más a recetar psicotrópicos de grueso calibre, sin haber hecho un diagnóstico adecuado del trastorno mental, sin siquiera leer el DSM debajo del escritorio.

¿Quién controla esta situación? lamentablemente, sólo nos queda controlarla a nosotros: los usuarios.

Debemos saber que ni un médico general, ni un pediatra, ni siquiera un neurólogo, están entrenados para diagnosticar la enfermedad mental; que no es tan simple como aprenderse los manuales diagnósticos de paporreta, que conlleva años de práctica y experiencia clínica. Por lo tanto, tampoco están capacitados para recetar medicamentos que no son de su especialidad.

Entonces, si tenemos médicos, terapistas, psicólogos (ojo, los psicólogos TAMPOCO estamos capacitados para recetar), consejeros, químicos farmacéuticos, que te mandan tu prozac, rivotril o ritalin como si se tratase de aspirina; y a eso le sumamos psiquiatras exagerados que medican por un pequeño duelo, tenemos como resultado una sociedad sobremedicalizada, a merced de la industria farmecéutica y esclava de un consumo idiotizante.

Decidir iniciar un psicoanálisis no es fácil, pero no tiene tantas contraindicaciones como todos los psicofármacos.

Nuevas enfermedades, nuevo discurso

diciembre 7, 2012

Algo está pasando, y lo venimos sintiendo de un tiempo a esta parte. No creo que sea por el fin del mundo Maya, ni por el apocalipsis zombie (tan de moda y tema de un futuro artículo); se ha venido generando un cambio y podemos verlo en muchos aspectos dentro de nuestra vida cotidiana.

Y ahora, con la nueva edición de la “biblia de la psiquiatría” (!!!) el DSM-V (porque los cuatro primeros no fueron suficientes) veo con, no voy a negarlo, agradable sorpresa, que mucha gente  ha empezado a cuestionar esta nueva clasificación de los desórdenes mentales.

Para empezar ¿quién no tiene algún tipo de desorden en su mente?, a este paso, vamos a terminar siendo todos clasificados…y, claro, eso tiene que ver con este “cambio” del que hablaba al principio. Un cambio de discurso, podríamos decir desde el psicoanálisis lacaniano; se ha pasado del discurso del Amo, al discurso capitalista, el discurso del consumo. Porque, por ejemplo, ante las “nuevas enfermedades mentales” propuestas por el Asociación Americana de Psiquiatría; las primeras preguntas que surgen son ¿qué medicamentos se pueden consumir para tratarlas? ¿servirán todavía el prozac y el ritalin? ¿ya estarán creando nuevos fármacos?. Surge una respuesta de consumo.

La nueva clasificación que más desazón me ha causado es la del “Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo”, es decir; las rabietas. Ahora todo niño pataletudo será diagnosticado y muy probablemente medicado.

Hace poco se proyectó, gracias al trabajo e interés genuino por el acontecer de nuestra sociedad de la Nueva Escuela Lacaniana de Lima, el documental francés “La infancia bajo control”, en éste se puede apreciar cómo ya en algunos países de Europa se está tratando de ejercer este control desmedido sobre los niños, procurando encontrar en los pequeños a futuros sociópatas, y con esto evitar el desarrollo de criminales. ¿Y cómo se establecería este control? ¡oh sorpresa! con fármacos y “diagnóstico temprano”.

Hagamos un análisis un poco más profundo, y veremos que, el acudir a un psicólogo buscando solamente un diagnóstico, no es otra cosa que una transacción comercial más. Y esta búsqueda, no estaría tan mal (al menos el sujeto se llega a preguntar qué es) pero el problema reside en que, la mayoría de las veces, luego del diagnóstico, se ofrece como solución un fármaco, que finalmente terminará por eliminar las siguientes preguntas que podría hacerse el sujeto acerca de lo que es, del qué  hacer con su padecimiento.

Lo terrible del discurso capitalista es que atenta contra la singularidad de cada uno: nos ofrece un producto único, el mejor, el más brillante, el más moderno…pero al final, todos lo tienen. Lo mismo sucede con los trastornos del DSM: todos podemos caer en alguna de esas clasificaciones; sin embargo, cada uno lo hace a su manera y, por lo mismo, cada uno debería tratarlo, trabajarlo, analizarlo, desde su propia posición subjetiva. Sin embargo, lo que se propone es que a todos se les de el mismo tratamiento (generalmente la misma pastilla), pareciendo ésta ser una solución democrática, cuando en realidad no hace más que ir contra la libertad del sujeto.

Me preocupa mucho que se esté medicando a los niños de esa manera, y ahora con esta nueva clasificación de la “desregulación disruptiva” mucho más; espero equivocarme, pero temo que en algunos años veremos a muchos niños “desregulados” o “disruptivos” ¡y vaya que pueden ser significantes fatales!.

No es tarde, sigamos adelante.

Nido de locos

septiembre 3, 2012

En abril tuve la oportunidad de empezar a trabajar nuevamente en estimulación temprana, con bebés de 6 a 12 meses y niños de 1 a 2 años.

En estos meses, he podido ver la locura en la que se ha convertido la educación inicial y primaria en nuestra ciudad (tal vez también en otras ciudades del Perú, pero no tengo los datos). Y no me refiero al aspecto académico (que ya es tema de otra entrada) si no a la angustia en la que se ha transformado el “ingresar” al nido o al colegio.

Mamás de los pequeños del grupo de 6 a 12 meses me cuentan que ya han puesto “en lista” a sus hijos para ir al nido el próximo año. Me quedo espantada y sólo atino a forzar una sonrisa. ¿En lista? ¿El próximo año, o sea, más o menos antes de los dos años? Ah no, hay algo mal en todo esto.

Y he podido identificar dos factores, aunque aún no defino bien cuál es el causante del otro:

En primer lugar: la comercialización de la educación. Nos ha vendido que nuestros hijos tienen que ser los más inteligentes, los más capaces y lo mejor preparados para que puedan luchar en este mundo inmisericorde…como si al final de cuentas, no saliera adelante realmente al que le da la gana.

Madres y padres angustiados porque sus niños ingresen al nido (!!!) o colegios, como si se tratase de un examen de ingreso a la universidad. Y por su puesto, las entidades educativas cada vez cobran más y más…¿se han preguntado quiénes se benefician directamente de esos cobros? ¿se han interesado por saber si las profesoras del nido tan lindo de sus hijos, están en planilla? ¿O es que hace cinco años las pasean con sus recibos por honorarios, primero impresos, ahora electrónicos?

Si los colegios y nidos, les exigen a los padres los infinitos materiales y la puntualidad de los pagos, los padres también tenemos derecho a exigir una educación de primer lugar y que las personas que pasan la mitad del día con nuestros hijos, trabajen en condiciones mínimas de respeto y seguridad…¿O qué les estamos transmitiendo?

En segundo lugar, esta loca necesidad de volver a nuestros hijos brillantes, que ocupen los primeros puestos…llevándolos al nido antes de los dos años…¿para qué? ¿Se han puesto a pensar si de verdad responde a una necesidad de ellos? ¿O responde a otras necesidades, NUESTRAS necesidades?

Hace varios años trabajé como “miss” en un nido, con los más pequeños. Había una niña que no había cumplido los dos años, recién había aprendido a caminar y la trajeron con la imposición de que esa niña tenía que dejar los pañales. Yo no estaba de acuerdo para nada, sin embargo, la directora del nido me envió un mensaje claro: o esa niña dejaba los pañales o yo dejaba el trabajo. Tuve que aguantarme, por necesidad, el ver a la pobre no entender nada cada que se encontraba parada en un charco de pila, en medio del salón. La pobre recién estaba aprendiendo a sentirse cómoda en una situación nueva, como era el nido, y encima tenía que hacerlo con los calzones mojados.

¿Sabían que los niños recién están neurológica y físicamente preparados para controlar esfínteres a partir de los dos años? Yo lo sabía en ese momento, la directora lo sabía…Sin embargo pudo más el deseo de esos padres, el deseo de tener una niña que dejara los pañales antes de los dos años, que les ahorrara “problemas”, impases, pañales…

¿Qué son nuestros niños para nosotros? Yo creo que es necesario empezar a respondernos esa pregunta.